Alguien comentó que quizás después de tanta destrucción y el fracaso aparente de su administración, con cifras de popularidad por el suelo y calidad de vida en la ciudad por debajo del ídem, el alcalde actual de Bogotá puede pasar a la historia como lo hizo su abuelo el dictador, quien dejó tras de sí unas de las más importantes obras urbanísticas de la capital de la república de Colombia, entre ellas la Autopista Norte (la única, que hoy por hoy es una vía secundaria más), la 26 (escenario actual de uno de los atracos más notorios a la buena fe de la ciudadanía y a las arcas del Distrito) y el Aeropuerto El Dorado (hoy en día negocio jugoso en manos de uno de los mejores amigos del anterior presidente).
Eso es darle el beneficio de la duda, y estirarlo bastante... Pero conociéndonos, a pesar de los "carteles de la contratación", de su absolutamente inoperante "movilidad", del chiste flojo del "metro", y de las obras que empiezan rápidamente para eternizarse, es muy probable que la ciudadanía acabe glorificando la memoria del burgomaestre popularmente conocido como #bobolitro en las redes sociales de Internet, una vez sean terminados los elefantes blancos que hoy son los causantes de los peores momentos que ha vivido Bogotá en su larga historia.
Algo que ha servido para amortiguar un poco el recuerdo negativo del general del 54 ha sido su legado urbanístico para la ciudad. Hecho que sirve para que quien nos señala la posibilidad de que su nieto acabe convertido en héroe popular tenga un sustento creíble, pues los negociados, el autoritarismo y muchas otras cosas negativas más que pudieron haber sucedido en ese entonces, fueron opacadas, y hasta olvidadas, por el refulgente brillo del aporte al desarrollo de sus más notorias obras.
¿Será que #bobolitro dejará algo hecho?
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