El panadero es un personaje especial que a veces veo en las películas. Yo nunca me he topado con un panadero que vaya en bicicleta, con un canasto de pan sobre la cabeza. He visto revendedoras de pan en las esquinas que te evitan la vuelta de ir a la panadería, pero no traen bicicleta. He visto vagonetas que con todo y niños salen a vender el pan. Incluso he llegado a pensar, que como muchas otras cosas, el panadero en bicicleta es una especie en peligro de extinción.
Un día, escuché una bocinita de bicicleta, como esas de las caricaturas, que sonó tres veces afuera de mi edificio. Más bien por ocioso y no tanto por curioso me asomé y vi que las señoras con mandiles de todos colores salían y se formaban alrededor de su bicicleta. No podía creerlo, pensé que mis ojos habían sido afortunados de ver esta especie en extinción. Tenía todo, su bicicleta con polveras para no ensuciarse la espalda si pasaba por los charcos, asiento de bici de cartero, incluso hasta traía una canasta (aunque no en la cabeza) cubierta por el clásico mantel de cuadritos rojos con blanco. Pero cuando bajé con las ilusiones de un bolillo, pan de agua, pan blanco, telera ó como sea que se le conozca, me llevé la sorpresa de que no era un panadero, sino un tortillero. A tres pesos la docena. Esto también era algo nuevo para mí. ¿Quién compra doce tortillas nada más? ¿Quién? Todo mundo. Para disimularle de todas maneras me forme y me compre mis doce tortillas. Después y un poco mas obsesionado que curioso, ví que algunos días algunas señoras bajaban desde las 2:30 pm, a esperar al tortillero mientras chismean un poco. Así todos los días tienen tortillas recién hechecitas. Las señoras compran, se suben a su departamento, y el tortillero pedalea unos cuantos metros al siguiente edificio para volver a sonar tres veces su bocina...