martes, 29 de mayo de 2012

Una vuelta a la manzana

Salí a dar una vuelta a la manzana. En las pocas cuadras que recorrí alcancé a contar cinco carretillas de venta de "chocolates importados", entre otras más de venta de fresas, mamoncillos, mango y arepas "de la parrilla a su paso".

No faltaron las invitaciones a ingresar a locales escondidos, las tarjetas de salones de masajes y uno que otro limosnero.

En ese trayecto alcancé a pasar frente a una docena de bares, varias tiendas de garaje, cantidad de ópticas, droguerías, papelerías y cigarrerías; uno que otro almacén de curiosidades y cachivaches varios, tres bancos, dos universidades y quién sabe cuántos más negocios formales e informales.

Creo que vivo en lo que ahora se llama el centro ampliado de Bogotá. Un sector enorme que se caracteriza por la cultura del "rebusque" y, también parece, la de la dejadez y el descuido.

Muchos de los establecimientos y edificios, si no todos, pagan impuestos locales que, o han sido desviados a otras localidades, o simplemente han corrido la suerte de los dineros y las inversiones que se desvanecen ante los ojos ciegos de las autoridades y la ciudadanía.

Miles de millones de pesos del impuesto de valorización para la construcción de andenes y redes de servicios públicos cuelgan pesadamente en marañas de cables que doblegan los vetustos postes del alumbrado público.

Mientras doy una vuelta a la manzana y veo la ciudad de los bogotanos, me pregunto por qué tantos planes billonarios de nuestros alcaldes y concejales solo dejan a su paso el reflejo del deterioro, la dejadez y la inmundicia.

Ya es hora de firmar algún contrato con alguna entidad del Distrito y de irme a vivir en las praderas de Sopó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sus comentarios son bienvenidos y se tendrán en cuenta para futuras publicaciones.