Recuerdo cuando acabaron con la EDIS y le dieron el negocio de las basuras de Bogotá a unas empresas privadas que el próximo 18 de diciembre se quedan sin el pan y con todo el queso.
Escudado tras un fallo de la corte constitucional que obliga a los prestadores de ese servicio a incluir en el negocio a la población que vive de escarbar en las canecas, el alcalde electo y todavía en campaña ha decidido entregar a la empresa de acueducto de la ciudad la tarea de recoger los desperdicios y de trabajar con los recicladores.
Pero el problema que enfrenta su administración y que sufrirán los bogotanos es que el nuevo "escobita" ¡no tiene escoba! Así que vemos otra vez cómo el combativo exsenador vuelve a ganar en el campo de la retórica, pero vuelve a perder en el campo de las ejecuciones. Mejor dicho, mucho ruido y pocas nueces.
En las calles de las ciudades se refleja la cultura de la gente que las habita y las administra.
jueves, 22 de noviembre de 2012
domingo, 17 de junio de 2012
Bogotá necesita más de dos alcaldes
Los "boroughs" ingleses son un ejemplo de ciudades bien administradas.
Cada barrio demuestra su carácter y su autonomía de manera contundente, sin interrumpir el funcionamiento armónico e integrado de las diferentes localidades que componen la ciudad.
De Fulham a Chelsea, de Knightsbridge a Shepperd's Bush, cada sector tiene un sello propio, sin que por ello no se disfrute en todos por igual de la organización de la gran metrópolis, con todos los servicios y facilidades al alcance de cualquiera.
La mejor manera de combatir la segregación es la inversión honesta de los recursos fiscales en una infraestructura pensada en hacer de la diversidad un todo armónico y sensible.
Cada barrio demuestra su carácter y su autonomía de manera contundente, sin interrumpir el funcionamiento armónico e integrado de las diferentes localidades que componen la ciudad.
De Fulham a Chelsea, de Knightsbridge a Shepperd's Bush, cada sector tiene un sello propio, sin que por ello no se disfrute en todos por igual de la organización de la gran metrópolis, con todos los servicios y facilidades al alcance de cualquiera.
La mejor manera de combatir la segregación es la inversión honesta de los recursos fiscales en una infraestructura pensada en hacer de la diversidad un todo armónico y sensible.
martes, 29 de mayo de 2012
Una vuelta a la manzana
Salí a dar una vuelta a la manzana. En las pocas cuadras que recorrí alcancé a contar cinco carretillas de venta de "chocolates importados", entre otras más de venta de fresas, mamoncillos, mango y arepas "de la parrilla a su paso".
No faltaron las invitaciones a ingresar a locales escondidos, las tarjetas de salones de masajes y uno que otro limosnero.
En ese trayecto alcancé a pasar frente a una docena de bares, varias tiendas de garaje, cantidad de ópticas, droguerías, papelerías y cigarrerías; uno que otro almacén de curiosidades y cachivaches varios, tres bancos, dos universidades y quién sabe cuántos más negocios formales e informales.
Creo que vivo en lo que ahora se llama el centro ampliado de Bogotá. Un sector enorme que se caracteriza por la cultura del "rebusque" y, también parece, la de la dejadez y el descuido.
Muchos de los establecimientos y edificios, si no todos, pagan impuestos locales que, o han sido desviados a otras localidades, o simplemente han corrido la suerte de los dineros y las inversiones que se desvanecen ante los ojos ciegos de las autoridades y la ciudadanía.
Miles de millones de pesos del impuesto de valorización para la construcción de andenes y redes de servicios públicos cuelgan pesadamente en marañas de cables que doblegan los vetustos postes del alumbrado público.
Mientras doy una vuelta a la manzana y veo la ciudad de los bogotanos, me pregunto por qué tantos planes billonarios de nuestros alcaldes y concejales solo dejan a su paso el reflejo del deterioro, la dejadez y la inmundicia.
Ya es hora de firmar algún contrato con alguna entidad del Distrito y de irme a vivir en las praderas de Sopó.
No faltaron las invitaciones a ingresar a locales escondidos, las tarjetas de salones de masajes y uno que otro limosnero.
En ese trayecto alcancé a pasar frente a una docena de bares, varias tiendas de garaje, cantidad de ópticas, droguerías, papelerías y cigarrerías; uno que otro almacén de curiosidades y cachivaches varios, tres bancos, dos universidades y quién sabe cuántos más negocios formales e informales.
Creo que vivo en lo que ahora se llama el centro ampliado de Bogotá. Un sector enorme que se caracteriza por la cultura del "rebusque" y, también parece, la de la dejadez y el descuido.
Muchos de los establecimientos y edificios, si no todos, pagan impuestos locales que, o han sido desviados a otras localidades, o simplemente han corrido la suerte de los dineros y las inversiones que se desvanecen ante los ojos ciegos de las autoridades y la ciudadanía.
Miles de millones de pesos del impuesto de valorización para la construcción de andenes y redes de servicios públicos cuelgan pesadamente en marañas de cables que doblegan los vetustos postes del alumbrado público.
Mientras doy una vuelta a la manzana y veo la ciudad de los bogotanos, me pregunto por qué tantos planes billonarios de nuestros alcaldes y concejales solo dejan a su paso el reflejo del deterioro, la dejadez y la inmundicia.
Ya es hora de firmar algún contrato con alguna entidad del Distrito y de irme a vivir en las praderas de Sopó.
Papeles en la calle y las ventanas rotas
Una iniciativa interesante para que las autoridades, la empresa privada e incluso los vecinos pongan en práctica para promover la cultura ciudadana y al mismo tiempo vivir en una ciudad más agradable y limpia es recoger los papeles que la gente bota en la calle.
Las autoridades pueden desde promover campañas con la participación de los auxiliares de policía, hasta desempolvar normas de los códigos para imponer multas por ensuciar el espacio público, como lo hacen en algunos países orientales a los turistas que se atreven a botar chicles o colillas de cigarrillos en la calle.
La empresa privada --en particular aquellas compañías cuyos productos vienen empacados en muchos de los papeles que ensucian avenidas y andenes--, puede crear campañas de "activación de conciencia cívica" (similares a las de activación de marca), con grupos visibles de impacto equipados con guantes, bolsas e implementos para recoger todos los desperdicios que encuentren en diferentes rutas y sitios estratégicos de la ciudad. Esto no solo demostrará a los demás ciudadanos que se pueden recoger los papeles y que se deben botar en las canecas, sino que servirá para subir la percepción positiva de las empresas que se atrevan a invertir en ese tipo de actividades.
Y los vecinos lo pueden hacer a diario, cuando en lugar de pasar indiferentes ante el papel que alguien no ha querido poner en la caneca lo levanten y lo lleven, sin mayor aspaviento, a la caneca más cercana.
Como sucedió en Nueva York con la teoría de las "ventanas rotas" y la intransigencia con las contravenciones mínimas, una iniciativa así de simple puede tener un gran impacto no solamente en la calidad de vida y la apariencia de nuestras ciudades, sino en los niveles de inseguridad y violencia, pues promoverán un entorno más comprometido y sensible con la idea de vivir en comunidad.
Las autoridades pueden desde promover campañas con la participación de los auxiliares de policía, hasta desempolvar normas de los códigos para imponer multas por ensuciar el espacio público, como lo hacen en algunos países orientales a los turistas que se atreven a botar chicles o colillas de cigarrillos en la calle.
La empresa privada --en particular aquellas compañías cuyos productos vienen empacados en muchos de los papeles que ensucian avenidas y andenes--, puede crear campañas de "activación de conciencia cívica" (similares a las de activación de marca), con grupos visibles de impacto equipados con guantes, bolsas e implementos para recoger todos los desperdicios que encuentren en diferentes rutas y sitios estratégicos de la ciudad. Esto no solo demostrará a los demás ciudadanos que se pueden recoger los papeles y que se deben botar en las canecas, sino que servirá para subir la percepción positiva de las empresas que se atrevan a invertir en ese tipo de actividades.
Y los vecinos lo pueden hacer a diario, cuando en lugar de pasar indiferentes ante el papel que alguien no ha querido poner en la caneca lo levanten y lo lleven, sin mayor aspaviento, a la caneca más cercana.
Como sucedió en Nueva York con la teoría de las "ventanas rotas" y la intransigencia con las contravenciones mínimas, una iniciativa así de simple puede tener un gran impacto no solamente en la calidad de vida y la apariencia de nuestras ciudades, sino en los niveles de inseguridad y violencia, pues promoverán un entorno más comprometido y sensible con la idea de vivir en comunidad.
viernes, 27 de abril de 2012
Bloqueo.
Las vías están. Lo que hace falta es
ponerlas a funcionar.
Los metros y los tranvías y las grandes
obras de infraestructura pueden acabar por destruir muchas de las vías buenas que tenía
la ciudad.
Y poco o nada se ha hecho en términos de
hacer que las cosas funcionen como deben funcionar.
Un poco de creatividad y pensamiento
innovador pueden ayudar.
En lugar de volver a romper lo que se acaba
de construir, como ocurre todos los días, por qué no dedicar esos recursos a
construir donde nunca se ha hecho bien, y aprovechar las redes de servicios existentes
por las que se puede implementar en el muy corto plazo un perfeccionamiento y una ampliación enfocada de la red de señalización
y semaforización de la ciudad de Bogotá.
Enfocada bajo el concepto de que se le va a
dar un manejo racional y planificado al flujo del tráfico vehicular, que
incluye nuevos semáforos intermedios de regulación del pulso cíclico del flujo,
señalización de calles, bordes de los andenes, postes y señales de horarios de
usos permitidos en zonas comerciales, residenciales e intermedias, campaña de
divulgación y actividades de socialización de iniciativas para regular justa y
equitativamente el uso del espacio público, que incluye pistas vehiculares, ciclo
rutas y ciclo vías demarcadas, andenes y veredas peatonales, sardineles,
parques y zonas amplias de goce público, de tal forma que se faciliten la
recuperación, mantenimiento, expansión y optimización de espacios, inmuebles y
amueblamientos urbanos existentes y necesarios para la implementación y el
despliegue del nuevo sistema de
transporte integrado de Bogotá y el apoyo a la política de integración y desarrollo social de Bogotá hacia el 2050.
Como para que quienes estemos casi
centenarios por esas épocas, veamos que las nuevas generaciones quedan bien
instaladas y preparadas para continuar con el crecimiento armónico y racional
de su ciudad para el disfrute civilizado hoy y en el futuro.
domingo, 22 de enero de 2012
PARE, por favor, y gracias
En algunas ciudades, las señales de PARE dicen ALTO, o STOP. La idea de la señal de PARE es esa, que el automovilista se detenga, frene, se fije si no viene alguien en la vía que tiene prelación y, una vez confirmada la vía franca, arranque y continúe su camino.
Pero en Colombia no es así, desafortunadamente. La gente, en los cruces donde deben detenerse obligatoriamente, se limita a reducir la velocidad y continuar avanzando si ven que "alcanzan" a pasar si un vehículo viene por la vía que tiene prioridad, o a "asomar la trompa" con la esperanza de que quien avanza por la otra vía se detenga para cederles el paso.
Este comportamiento afecta significativamente la movilidad, porque impide el flujo normal en las vías que tienen prelación. Todos acaban reduciendo la velocidad o haciendo quites a quienes se pasan por alto las señales de PARE, bien sea por cultura, o porque no las ven, o se hacen los que no las ven.
Una solución a este problema es revisar la señalización y, además, evaluar claramente cuáles son las vías que deben tener prelación (hay muchas señales de PARE en vías que deben tener prelación, y muchas vías que no deben tener prelación carecen de esas señales).
Las señales actuales de PARE no son asertivas, por decirlo de alguna manera. Su tamaño es muy reducido, su pintura se ha desvanecido con el tiempo, y su colocación en las esquinas no es la más acertada, pues suelen estar demasiado distanciadas del punto de cruce, razón por la cual los conductores no hacen el pare completo, sino que se limitan, cuando lo hacen, a reducir ligeramente la velocidad y continuar avanzando, con la amenaza que eso significa para quienes se desplazan por la vía prioritaria.
Creemos que aumentar ligeramente el tamaño de las señales de PARE, ubicarlas más estratégicamente, y dotarlas de pintura y acabados reflectivos que aumenten su visibilidad, ayudaría significativamente a concientizar a los conductores sobre la necesidad de observar la señal y DETENERSE en aquellos cruces, de tal forma que los demás puedan avanzar con confianza y fluidamente.
Claro que más adelante habrá que considerar otro problema, y es el de los cruces en los que es necesario detenerse en las cuatro esquinas. En países donde se respeta la norma del PARE, que es detenerse por completo ahí donde se indica, existen señales de PARE en las cuatro esquinas, y el derecho a avanzar lo tiene el vehículo que primero llega a la intersección. Esto requiere no solamente tener claridad sobre la norma, sino haber interiorizado el propósito de la misma y entender que el detenerse en las intersecciones no solamente es cuestión de seguridad, sino también de ayuda a la movilidad.
En otros países, particularmente en los europeos, en lugar de los pares de cuatro vías existen las aquí conocidas "glorietas", que funcionan a las mil maravillas cuando las personas respetan la norma de darle prelación a quienes ya están circulando por la circunferencia.
Del comportamiento de los conductores frente a las señales de PARE, y del manejo de éstas que hagan las autoridades del tránsito para que sean visibles y se hagan respetar, puede depender una mejora sustancial en la circulación de los vehículos y la seguridad de sus ocupantes.
Pero en Colombia no es así, desafortunadamente. La gente, en los cruces donde deben detenerse obligatoriamente, se limita a reducir la velocidad y continuar avanzando si ven que "alcanzan" a pasar si un vehículo viene por la vía que tiene prioridad, o a "asomar la trompa" con la esperanza de que quien avanza por la otra vía se detenga para cederles el paso.
Este comportamiento afecta significativamente la movilidad, porque impide el flujo normal en las vías que tienen prelación. Todos acaban reduciendo la velocidad o haciendo quites a quienes se pasan por alto las señales de PARE, bien sea por cultura, o porque no las ven, o se hacen los que no las ven.
Una solución a este problema es revisar la señalización y, además, evaluar claramente cuáles son las vías que deben tener prelación (hay muchas señales de PARE en vías que deben tener prelación, y muchas vías que no deben tener prelación carecen de esas señales).
Las señales actuales de PARE no son asertivas, por decirlo de alguna manera. Su tamaño es muy reducido, su pintura se ha desvanecido con el tiempo, y su colocación en las esquinas no es la más acertada, pues suelen estar demasiado distanciadas del punto de cruce, razón por la cual los conductores no hacen el pare completo, sino que se limitan, cuando lo hacen, a reducir ligeramente la velocidad y continuar avanzando, con la amenaza que eso significa para quienes se desplazan por la vía prioritaria.
Creemos que aumentar ligeramente el tamaño de las señales de PARE, ubicarlas más estratégicamente, y dotarlas de pintura y acabados reflectivos que aumenten su visibilidad, ayudaría significativamente a concientizar a los conductores sobre la necesidad de observar la señal y DETENERSE en aquellos cruces, de tal forma que los demás puedan avanzar con confianza y fluidamente.
Claro que más adelante habrá que considerar otro problema, y es el de los cruces en los que es necesario detenerse en las cuatro esquinas. En países donde se respeta la norma del PARE, que es detenerse por completo ahí donde se indica, existen señales de PARE en las cuatro esquinas, y el derecho a avanzar lo tiene el vehículo que primero llega a la intersección. Esto requiere no solamente tener claridad sobre la norma, sino haber interiorizado el propósito de la misma y entender que el detenerse en las intersecciones no solamente es cuestión de seguridad, sino también de ayuda a la movilidad.
En otros países, particularmente en los europeos, en lugar de los pares de cuatro vías existen las aquí conocidas "glorietas", que funcionan a las mil maravillas cuando las personas respetan la norma de darle prelación a quienes ya están circulando por la circunferencia.
Del comportamiento de los conductores frente a las señales de PARE, y del manejo de éstas que hagan las autoridades del tránsito para que sean visibles y se hagan respetar, puede depender una mejora sustancial en la circulación de los vehículos y la seguridad de sus ocupantes.
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